La ciencia echa una mano a la Biblia
La prueba del carbono 14 demuestra que un acueducto subterráneo de
Jerusalén fue construido en tiempos del rey Ezequías
CRUZ BLANCO (EL PAIS 11/09/03) La polémica ha quedado zanjada. El
viejo acueducto subterráneo que recorre la ciudad de Jerusalén a 52 metros
de profundidad es en efecto el túnel de Siloé al que
alude la Biblia y que mandó construir
Ezequías, rey de Judá durante su reinado, entre los años 727-698 antes de
Cristo.
Frente a las últimas teorías que afirmaban que esta obra de
perfeccionada ingeniería es posterior a aquella época, un equipo de
investigadores de la Universidad Hebrea de Jerusalén y de la universidad
británica de Reading ha demostrado que las excavaciones y trabajos
fueron realizados alrededor de 700 años antes de nuestra era.
La prueba de datación por carbono 14 aplicada a muestras de
escayolas y maderas de un fragmento del túnel, así como la de
datación por uranio-torio de estalactitas que crecieron una vez perforado
el canal, confirman el resultado de la
investigación, publicado hoy en la revista científica Nature.
Es la primera vez que una estructura mencionada en el Antiguo
Testamento (en este caso, en el II Libro de los Reyes y en el II
Libro de las Crónicas) ha sido datada por métodos radioquímicos,
basados en la desintegración de elementos radioactivos. El túnel, de 533
metros de largo, entre 0,58 y 0,65 metros de ancho y una altura que oscila
entre 1,1 y 3,4 metros, fue construido sin utilizar soportes
intermedios de hierro, lo que realza el valor de su ingeniería, que
presenta un curso tortuoso que los expertos atribuyen a una adaptación a
las formaciones rocosas perforadas.
Ante el asedio en 701 AC de los asirios, capitaneados por Senaquerib, y
el peligro de que la ciudad santa se quedara desabastecida de agua,
Ezequías, que llegó al trono con 25 años a la muerte de su padre, Ajaz,
pensó en cómo dar de beber a la ciudad, al tiempo que impedir que los
asaltantes tuvieran acceso al agua. Para ello, el Rey Virtuoso
consultó a sus sabios y mandó perforar un canal en la roca del valle de
Cedrón para conducir el agua desde el Manantial de la Doncella, a las
afueras de Jerusalén, hasta el otro extremo de la ciudad, en cuya
desembocadura fue construida la alberca de Siloé. En estas aguas, según el
Evangelio de San Juan, Jesús curó a un ciego de nacimiento.
En 1880, un niño que se estaba bañando a la salida del túnel descubrió
en un fragmento de la roca una inscripción de seis líneas en hebreo, que
más tarde interpretó Conrad Schick, uno de los primeros exploradores de
Jerusalén. Pero el libelo, hoy en el Museo del Antiguo Oriente de Estambul,
no hace referencia a la fecha de las obras, sino a algunas de las etapas
por las que fueron avanzando. Con frases entrecortadas, describe el
momento del encuentro de los dos grupos de trabajadores que perforaron la
roca desde cada extremo del túnel y cómo las aguas iniciaron su recorrido.