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Iglesia e Religion |
CRITICAR Criticar es un vicio muy feo que desagrada a Dios y a los hombres. Por criticar a Moisés, su hermana fue castigada por Dios con la lepra (Nú.12). Así quiso Dios enseñarnos cuánto aborrece este pecado. Se ha escrito y dicho en conferencias que no debemos criticar nunca y menos a los sacerdotes según aquello del Salmo 104: no toquéis a mis ungidos. Con ello no se dice toda la verdad sino la verdad a medias. ¿Nunca se puede criticar? ¿Qué enseña la Iglesia? Según el catecismo de San Pío X detracción o murmuración es un pecado que consiste en manifestar, sin JUSTO MOTIVO, los pecados ajenos. He subrayado intencionalmente las palabras sin justo motivo porque tienen miga y es que cuando hay justo motivo, la crítica es lícita y puede ser necesaria. Así lo enseñan Santo Tomás de Aquino y San Alfonso María de Ligorio, el cual fue proclamado por Pío XII, Patrón de los moralistas. Esta doctrina la resume de un modo sencillo y claro el P. Vilariño S.I. en su libro Puntos de Catecismo n° 1944 con estas palabras:
Las últimas líneas merecen subrayarse. No toda crítica, por tanto, es mala. Ahora bien. ¿Qué cosas se pueden criticar? Siguiendo la doctrina de los Santos Doctores de la Iglesia, podemos afirmar estos principios: 1) No imitemos a los que se pasan el día criticando a todos los vecinos de su escalera para continuar con los del bloque de al lado. 2) Evitemos también criticar los defectos naturales del prójimo, como su ignorancia, su tartamudez, su debilidad de carácter, su vanidad... 3) No critiquemos de cosas opinables o libres, a no ser que se haga con ánimo de instruirse o instruir a los demás. 4) Podemos y debemos criticar las obras o palabras públicas que ponen en peligro la Fe y las buenas costumbres, porque es el tesoro más grande que Dios nos ha dado. Así los errores, falsas doctrinas, faltas públicas, aunque vengan de sacerdotes y autoridades eclesiásticas. Entonces podemos criticarlos y desaprobarlos exponiendo la verdad con caridad, guardando siempre el respeto debido a su dignidad y orando siempre por ellos. En la historia de la Iglesia ha habido prelados buenos y malos, y lo mismo, Papas malos por su conducta escandalosa y por su mal gobierno permitiendo errores y vicios, y Papas buenos por su sabiduría, por su buen gobierno vigilando y castigando los errores, y por su santidad. Estos han sido los más numerosos y son la gloria de la Iglesia. Los Santos nos han enseñado con su ejemplo cuándo y cómo hemos de comportarnos ante los abusos, errores y faltas de ciertas autoridades, tanto civiles como eclesiásticas. Ellos con santa libertad se atrevían a manifestar respetuosamente y con exquisita caridad su disgusto y reprobación por lo que estaba mal hecho, buscando sólo la gloria de Dios y el bien de la Iglesia. Así Santa Catalina de Sena escribió varias veces al Papa para que abandonase Avignon y volviera a Roma y que pusieran remedio a los males de la Iglesia, a pesar de que algunos cardenales la consideraban como una monja imprudente y atrevida. De ella son estas palabras al Papa Gregorio XI:
Y al Papa Urbano VI le dice:
Nadie puede decir que Santa Catalina de Siena no tuviera
devoción y amor al Papa. De ellas es la frase bellísima el Papa es el dulce cristo
en la tierra y sin embargo pocos han hablado como ellas con tanta franqueza y
claridad. ¿Quién amó más al Papa, aquellos cardenales que rodeaban al Pontífice con
lisonjas, o callaban los males de la Iglesia por cobardía o comodidad, o bien aquella Pbro. Pedro De I. Muñoz Iranzo |