Religión

En una mañana azul de México

Estimados leitores do site Montfort,
Salve Maria!

Abaixo: extrato do 'discurso pronunciado pelo presidente do México, Emilio Portes Gil, em 27 de Julho de 1929 diante dos líderes da Masonería, após a assinatura dos Acordos que puseram fim à rebelião dos católicos cristeros' (Acordos feitos pelo Cardeal Gasparri, o inimigo de São Pio X...acordos que acabaram levando à morte muitos dos chefes cristeros).

O Pres. Emílio Portes Gil deixou claro, em seu discurso, que a perseguição ao clero e à Igreja, 'que dura vinte séculos ... e é eterna' , foi executada pela Maçonaria, para implantar seus princípios anti católicos.

'Venerables hermanos: Mientras el clero fue rebelde a las instituciones y leyes del gobierno de la República, estuve en el deber de combatirlo como se hiciese necesario... ahora, queridos hermanos, el clero ha reconocido plenamente al Estado y ha declarado sin tapujos que se somete estrictamente a las leyes...

La lucha no se inicia, la lucha es eterna.

La lucha se inició hace veinte siglos. De suerte, pues, que no hay que espantarse: lo que debemos hacer es estar en nuestro nuevo puesto, no caer en el vicio en que cayeron los gobiernos anteriores... que tolerancia tras tolerancia, y contemplación tras contemplación, los condujo a la anulación absoluta de nuestra legislación. Lo que hay que hacer, pues es estar vigilantes. Los gobernantes y los funcionarios públicos, celosos de cumplir la ley y de hacer que se cumpla. Y mientras esté yo en el gobierno, ante la Masonería yo protesto que seré celoso de que las leyes de México, las leyes constitucionales que garantizan plenamente la conciencia libre), pero que someten a los ministros de las religiones a un régimen determinado; yo protesto, digo, ante la Masonería que mientras yo esté en el gobierno se cumplirá estrictamente con la legislación.

En México, el Estado y la Masonería en los últimos años han sido una misma cosa: dos entidades que marchan aparejadas, porque los hombres que en los últimos años han estado en el poder han sabido siempre solidarizarse con los principios revolucionarios de la Masonería'.

(Del discurso pronunciado por el presidente de México, Emilio Portes Gil, el 27 de julio de 1929 ante los líderes de la Masonería, tras la firma de los Arreglos que pusieron fin al levantamiento cristero)




EN UNA MAÑANA AZUL DE MÉXICO.
AL SOL.

Homenaje al Padre Francisco Vera,
sacerdote y mártir

Padre, de quien ni tu nombre sabia hasta hoy, y quizás bien pocos lo conocen, en la tierra, quiero rendirte, mártir de Diós, mi pobre, pero ardiente homenaje.

Casi nadie sabe, hoy, de tu sacrificio ocurrido, hace tantos años, en una mañana azul de México. Ni al menos se sabe que hubo un gobierno masónico y comunista, en México, en el siglo XX, y que persiguió a la Iglesia de Dios, asesinando sus sacerdotes.
Hoy, casi nadie te conoce. La Historia te olvidó. Ella, hoy, solo alaba tus asesinos. Hoy se hacen acuerdos con ellos, y se los llaman “los hombres de buena voluntad”.

Mismo los católicos no saben de tu martirio. Y – dolor supremo – la Iglesia, al menos por sus autoridades más en vista, parece que quieren olvidarte, olvidar tu heroísmo y tu confesión de la Fe.

Tu eres um padre de otros tiempos.

Hoy todo ha cambiado.

Hoy, no se quieren sacerdotes intransigentes que terminan mártires: se quiere el diálogo. El diálogo ecuménico y relativista, que es capaz de hacer acuerdos los más increíbles. Hasta con la herejia Hasta con el pecado.

Se quieren sacerdotes amables, diplomáticos y simpáticos y no padres “tercos como tu, con tu cara seria y imperturbable ante la muerte”. [Perdóneme, Padre Francisco, son ellos, los modernos, los modernistas, los acróbatas del diálogo, que te dirían eso. Yo, nunca! Yo nunca!]

Para los modernistas actuales, tu comportamiento ha sido por demás radical – dicen—y muy poco abierto, y nada ecuménico.
A los ojos de los prudentes de este mundo, tu has sido un fanático.

Solo estabas en aquella mañana azul, al sol de México – al sol de Dios – a dar tu silencioso testigo, sereno, ante las armas asesinas.

Todo era calma y suavidad en aquella cena vista por pocos en la tierra, pero contemplada con amor ardiente por los Ángeles. Al sol, en la mañana azul de México.

Al sol.

Inusitadamente con los paramentos de la Misa, al sol, en tu silencio, tu parecías decir a los que te iban a matar: “Introibo ad altare Dei”.

Entraré hacia el altar de Dios.

Si! Jamás, Padre Francisco, tu has pronunciado esas palabras del principio de la Misa de manera más verdadera que en esa mañana, en la cual entraste al cielo del Altísimo.

Verdaderamente el perfecto Introibo ad altare Dei.

En esa Misa, al sol, en la mañana azul de México, solo, ante los carrascos, tu mismo eres la ostia de tu ofertorio. No solamente presentabas la ofrenda a Dios, tu la ofrecías en pagamiento por los pecados de mundo, junto con la ostia Divina ofertada en el Calvario, al sol también, una tarde, ...hace tanto tiempo..., eternamente.

De ahí, la suavidad y serenidad con que mirabas a los soldados que miraban tu persona sacerdotal.

Y ellos, también, parece que ellos también, te miraban dulcemente, con las caras cariñosamente apoyadas al fusil.

Y te miraban com lentitud, suave y calmamente, para no perder el tiro.

Uno te miraba a la cabeza, para punir tu pensamiento fiel a una Iglesia retrógrada, fiel a una Iglesia que no acepta el mundo moderno, ni su “civilización” pagana. Tu, fiel a la Iglesia que se recusa a evolucionar, y a aderir – cum guadio et spes – al mundo y a su príncipe, tu te estabas parado ante el mundo nuevo. Tu , hombre del mundo antiguo, hijo de la Iglesia de siempre, hijo de la Roma eterna, sacerdote del Altísimo, in aeternum secundum ordinem de Melquisedec, en el paredón, para morir por Dios.

En la mañana azul, al sol, cum Gaudium et Spes, diciendo un NO rotundo y mudo, pero clamoroso por tu sangre, al mundo moderno, a sus pompas miserables y a sus obras tenebrosas y impías.

Y en silencio, tu aguardabas el orden de fuego del oficial a los carrascos.

Y encuanto aguardabas, ellos te miraban dulcemente, te apuntaban dulcemente.

Y un otro miraba a tu corazón, para matar tu caridad, para que se vertiese de el la sangre de tu amor inextinguible. Y al orden de “Fuego”, el deseaba extinguir tu amor de fuego.

Y solo lograba, entonces, a alimentar el fuego con FUEGO.

Ellos te miraban dulcemente, para matarte, encuanto tu los mirabas dulcemente, perdonándolos, aguardando que te abriesen con los disparos, la puerta del cielo en la mañana azul de Méjico.

Al sol.

Te he dicho ya que, hoy, los curas no se parecen contigo?

Mira, tengo una otra foto, aquí, en mis manos.

Es la de otro sacerdote.

Ahora es la de un sacerdote actual, un sacerdote pos moderno. Un sacerdote como tu, pero de los nuevos tiempos posteriores al Vaticano II. Un sacerdote modernista que quiere volver a ser primitivo.
Yo no puedo publicar su foto, que está en una revista que se dice católica.

Pero tu la puedes ver desde el cielo.

¿Es esta la figura de un sacerdote católico?

Si, es de un sacerdote católico. Un pseudo misionero.

El no tiene paramentos. Ni al menos usa camisa. Esta medio desnudo - aculturado --- entre los indios a los cuales debería llevar la religión verdadera. Medio desnudo en la noche de las tinieblas de la muerte.

Mira sus ojos.

Son vacíos. Y miran la noche.

Parece que no tiene más alma.

El quiere solamente hacer fluir su vida, a manera salvaje, mirando la noche.

Para el se apagó el Sol de Justicia, y no hay verdad. Y no hay más sol. Y no hay más mañana azul en las cuales se puede morir por la verdad.

Al sol.

El es incapaz de decir- y menos aún de comprender – el Introito ad altare Dei.

Y no tiene nada a ofrecer.

¿Y que ofertorio seria el capaz de hacer?

El seria solamente competente para la presentación de dones, fruto de la tierra y del trabajo del hombre.
La diferencia entre el y tu es la del natural al sobrenatural.

¡ Y cuántos no son ni capaces de ver esto!

Y cuántos sacerdotes conservadores resguardan la impiedad y los errores de los malos por imitar sus acciones malas con acciones equívocas. La “bondad” – el “amor”, como dicen ahora, y no más la caridad -- y la “obediencia” de ciertos curas son el escudo y la excusa para muchos errores…

¿Que es un sacerdote conservador?

Es aquel que hará mañana lo que el modernista hizo anteayer.

¿Que es un sacerdote conservador?

Es aquel que dice siempre que hará mañana lo que el sacerdote heroico debería hacer ahora.

Lo que usted hizo ayer, en México, en una mañana azul. Al sol.

Dicen: “Hoy, no, porque hay dificultades, y es preciso ser prudentes. Y es preciso obedecer. Prudentemente, aunque contra la Fe. Además, hoy, estoy muy ocupado”…

¿Que es un sacerdote conservador?

Es un cura muy hábil en encontrar razones que posterguen, o dispensen, de cumplir el deber, ahora.

Estos, jamás irán al paredón.

Pero tu Padre Francisco Vera, en tu fidelidad, tu fuiste hasta el paredón. Hasta el cielo. En una mañana azul de México.

Al sol.

Tu, Padre, cuyo nombre desconocía yo hasta esta mañana, tu nombre es exaltado en los cielos por los coros de los ángeles y de los santos. Porque tu hiciste la voluntad de Dios en la tierra, como la quiere El en el cielo. Sin fugas y sin esquivas. Bravamente.

Al sol.

Bien aventurado eres tu, Padre Francisco. Por eso te dedico unos pobres versos, que hice, un día, pero que deseo sean para homenajearte.
En mi alma hay una llama
que la quema por entera.
El amor es que me llama
A morir por tu bandera
¡Es mi Dios el que me llama
A morir por su bandera!
Si la Iglesia verdadera,
la mi vida me pidiera,
yo mil vidas yo las diera
por la Iglesia y su bandera.
Diez mil vidas yo las diera,
por guardar la Fe entera.
Ah gran Dios, y bien quisiera
Que mi alma antorcha fuera,
que otras almas encendiera,
´n el amor por tu bandera.
Que en mi alma siempre ardiera
El amor por tu bandera
Y la gloria derradera
Por la cual yo bien muriera,
Dar mi sangre roja y fiera
Por mi Dios y su bandera.
Con mi sangre roja y fiera
Hacer roja su bandera.
Pudiera yo, como tu, dar también mi sangre, sin valor, y dar mi vida, con tantos pecados, por Dios, por la Iglesia y por su bandera!

Si.

Es lo que te pido, padre Francisco, que me obtengas de Dios—aunque yo no lo merezca de ningún modo –morir como usted, por la Iglesia y su bandera.

En una mañana azul.

Al sol.

In Corde Jesu, semper, Orlando Fedeli.
El 27 Noviembre del 2.003.

    Para citar este texto:
"En una mañana azul de México"
MONTFORT Associação Cultural
http://www.montfort.org.br/esp/veritas/religiao/cristeros/
Online, 20/09/2021 às 13:38:29h