MANUEL MARCO (www.diarioinformacion.com)
La fe cristiana sufre actualmente un doble asedio en el mundo.
En varios paises de Asia, África, Latinoamérica y Oceanía, es perseguida
trágicamente. Los datos no dejan lugar a dudas. Según el último
informe de la organización «Ayuda a la Iglesia Necesitada», en el año
2002 fueron asesinados por causa de su fe
938 cristianos, heridos 629 y
encarcelados 100.345. Esta persecución
religiosa se produjo en zonas dominadas por regímenes comunistas, por
fundamentalismos islámicos o por dictadores africanos y sudamericanos.
En el Primer Mundo (Occidente), donde rige la libertad
religiosa, el asedio a la fe
tiene un carácter cultural, que se resume en el término «secularismo»
(prescindir radicalmente de Dios). Una de las
características de la cultura secular es el desinterés por lo religioso
y la insignificancia de las referencias a Dios. La cultura secular no
se plantea en términos religiosos las preocupaciones de nuestro tiempo.
No necesita invocar a Dios para interpretar la vida personal y social. El
resultado salta a la vista. Lo mostró el Papa, Juan Pablo II, en la
audiencia de Castelgandolfo el día 13 de julio:
« La cultura europea da la
impresión de ser una apostasía silenciosa por parte del hombre
autosuficiente, que vive como si Dios no existiera, en un
intento de hacer prevalecer una antropología sin Dios y sin Cristo.
De este modo paradójicamente, la cuna de los derechos humanos corre el
riesgo de perder su fundamento, erosionado por el relativismo y el
utilitarismo».
La respuesta cristiana a esta situación debe ser clara. Hay que
profundizar en las relaciones entre fe y cultura, en el compromiso a favor
de los marginados, en la celebración de la vida sin rebajas frente al
nihilismo de la postmodernidad. Hay que vivir creadoramente la fe
cristiana
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