La Razón
Abdel-Samie Mahmoud Ibrahim Moussa incitó a sus
fieles a luchar por la guerra santa
El Centro Cultural Islámico de Roma ha removido de su cargo al imán de
la Gran Mezquita de esa ciudad, considerada como la más grande de Europa,
pues en una predicación había incitado a «destruir a los enemigos del
Islam». Abdel-Samie Mahmoud Ibrahim Moussa había invitado el viernes, 6 de
junio, a los fieles que le escuchaban a movilizarse para «asegurar en todo
lugar del mundo la victoria de la nación del Islam», según informó «La
Repubblica» al día siguiente. Esta incitación a la guerra santa por parte
de un clérigo ha causado gran preocupación en la clase política italiana.
El ministro de Interior del Gobierno italiano, Giuseppe Pisanu,
reaccionó días después de las declaraciones del variopinto imán de Roma,
afirmando que las 215 mezquitas que existen en el país «deben ser
totalmente liberadas de los predicadores de violencia, de los que reclutan
para la guerra santa y de los agentes de intereses extranjeros en Italia».
El ministro, promotor de la creación de un «Islam italiano», con el que
puedan dialogar las instituciones del país, añadió: «Estoy convencido de
que los máximos responsables de la mezquita de Roma sabrán aclarar la
situación».
Dos días después de las declaraciones del ministro se hizo pública la
sustitución del imán, egipcio de 32 años que vive en Italia desde hace
cinco años y que no habla italiano. La Gran Mezquita tiene capacidad para
unas 2.000 personas. Se espera que en una semana se haga público el nombre
del nuevo imán de la mezquita, decisión que corresponde a los fieles que
participan en ese lugar de culto que, en el caso de Roma, provienen de
numerosos países, en particular de Arabia Saudí, Marruecos y Egipto.
Según un acuerdo mencionado por el diario «Avvenire», el gran imán de la
mezquita de Roma debe ser egipcio, pues la mezquita tiene una relación
especial con la Universidad islámica de Al Azhar, en El Cairo.
Una locura
Por su parte, el padre Justo Lacunza Balda, presidente del Pontificio
Instituto de Estudios Árabes e Islámicos (PISAI), ha calificado de «locura»
la incitación a la guerra vertida desde la Gran Mezquita de Roma por el
imán Abdel-Samie Mahmoud Ibrahim Moussael, un hecho que constituye un
«problema de orden público que el Gobierno deberá afrontar».
Según el padre Lacunza, uno de los mayores expertos católicos de Islam en
el mundo, la utilización de espacios institucionales ¬ya sean iglesias,
mezquitas o plazas¬ «para incitar a la violencia y a la guerra es
inadmisible en un país civil y democrático». «No se puede dar cabida a
quien ensalza el odio e invita a los demás a matar. Es una auténtica
locura», afirmó el padre Lacunza, preocupado por el cariz que puede tomar
la situación. «Este suceso no es un incidente cualquiera: es un hecho
gravísimo, inadmisible en una sociedad democrática», observó.
«La libertad religiosa no tiene que ver aquí ¬añadió el estudioso¬. Hay
que afirmar con claridad que la propia Constitución italiana no permite
exhortar públicamente a la violencia y al odio contra enemigos fantasmales,
de los que, entre otras cosas, no se indica la identidad».
En opinión del presidente del PISAI, el suceso platea el serio problema de
las relaciones entre culturas y religiones en Italia, «una cuestión que
afecta a la misma convivencia civil en el país». «La invitación a la yihad
perjudica a la propia comunidad islámica italiana, porque alimenta la
cultura de la intolerancia, favorece la sospecha y el rechazo hacia los
musulmanes¬advirtió¬. Me pregunto: ¿también yo, que he dedicado treinta
años de mi vida al estudio de los textos islámicos, soy considerado tal
vez un enemigo del Islam?». Este grave suceso ha creado una gran alarma
entre los políticos italianos. Zenit
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