Essa é a liberdade de religião preconizada
pelos modernistas atuais?
Los católicos son obligados a convertirse
al mahometismo y se les detiene si se resisten
Más de tres millones de muertos y un número superior a
los cinco millones de seres humanos desplazados es el balance que arrojan
los ya 20 años de guerra civil en Sudán. Una guerra que viene motivada,
entre otros factores, por la islamización forzosa y la persecución de las
minorías no mahometanas orquestada desde un Gobierno que impone la «sharia»
a toda la población. Los católicos sudaneses son obligados a convertirse
al islam, sufren bombardeos, detenciones arbitrarias, son convertidos en
esclavos o mueren de hambre ante la pasividad de la comunidad
internacional.
Juan Manuel Rodríguez - Madrid.-
Sudán, en pleno corazón de África, es un país olvidado. Con una población
de casi 29 millones de habitantes ¬de los que casi cuatro millones son
católicos¬ vive una continua guerra civil, motivada entre otros factores
por cuestiones religiosas, ante una alarmante pasividad de la comunidad
internacional.
El sur del país, de mayoría cristiana y animista, se levantó en armas en
1983 cuando el Gobierno del norte musulmán, por presiones de Arabia Saudí
y otras naciones, impuso la «sharia» o ley islámica a toda la población.
Desde entonces ya han muerto, según Ayuda a la Iglesia Necesitada,
alrededor de tres millones de personas y el número de desplazados ronda
los cinco millones. La guerra, que continúa desde hace 20 años, sigue
cobrándose víctimas, sobre todo entre los habitantes del sur, que sufren
bombardeos, homicidios, arrestos arbitrarios, esclavitud o la muerte por
hambre, al no someterse a la islamización gubernamental. Manos Unidas
denuncia que el ejército y los paramilitares «bombardean sin piedad,
utilizan el hambre como arma, entran en los poblados y arrasan con lo que
encuentran a su paso, matan a los hombres y, para vergüenza de los que
nada hacen por impedirlo, secuestran, para utilizarlos como esclavos, a
niños y mujeres».
Aunque en la Constitución se prevé la libertad religiosa para las
confesiones distintas del islam, el Gobierno sudanés limita gravemente
este derecho y tiene en marcha un proceso de radical arabización e
islamización de todo el territorio como uno de sus mayores objetivos.
Según el «Informe sobre la Libertad Religiosa en 2002» emitido por Ayuda a
la Iglesia Necesitada, la autoridad sudanesa «continúa limitando la
actividad de los cristianos (...). Los no musulmanes no pueden hacer
proselitismo y la apostasía es considerada un delito gravísimo». El
informe explica que éstos no musulmanes «son tratados como ciudadanos de
segunda clase, en muchas ocasiones amenazados o arrestados por las fuerzas
del orden», y denuncia las conversiones forzosas al islam a las que son
sometidos los cristianos. Los obispos católicos sudaneses han condenado en
repetidas ocasiones al Gobierno por su campaña discriminatoria de
islamización impuesta. El arzobispo de Jartum, monseñor Gabriel Zubeir
Waco, ha asegurado que «las rebeliones en contra del Gobierno han sido,
generalmente, conducidas por cristianos. En consecuencia, el Gobierno y
las fuerzas políticas continuamente repiten que los cristianos actúan en
contra del país. Ahora el Gobierno afirma que la guerra existente va
dirigida contra el islam, y, por ello, las autoridades obligan a la gente
a levantarse en armas para defender el islam y el país en contra de los
enemigos». «Posiblemente los ciudadanos del primer mundo oyen que nuestra
guerra no reviste un carácter religioso, sino que se trata de la rebelión
de un grupo de desgraciados políticos del sur que quieren tomar el poder.
Pero en Sudán la guerra es una llamada para defen-der el islam», apostilla.
«Es la Yihad, la Guerra Santa», dice el obispo de Torit, monseñor Paride
Taban.
El jefe del régimen de Jartum, el jeque Hassan el Tourabi, manifestó bien
a las claras los motivos que animan a esta cruenta persecución: «La era
del cristianismo se acabó. El siglo XXI es la era del islam».
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