Las FARC matan a curas y obispos por la gran
oposición de la Iglesia a sus «planes violentos»
La Razón (29 enereo 2003)
En 2002, los
terroristas asesinaron a 12 sacerdotes y amenazaron de muerte a 20 obispos
El año 2002
fue horrible para la vida de la Iglesia en Colombia. El
Observatorio de los Derechos Humanos de este país registró
seis secuestros, ocho amenazas y 12
muertes violentas de miembros de la Iglesia católica,
incluyendo la del arzobispo de la segunda
ciudad más importante deColombia, Cali, monseñor Isaías Duarte Cancino.
(vide
penúltimo parágrafo).
La cifra
implica que las incidencias en todas estas acciones se duplicaron respecto
del año anterior, siendo la
guerrilla de las FARC, la principal responsable. La Iglesia
es ahora en Colombia uno de los
principales obstáculos de los terroristas.
Para un país que es la cuna del mayor número
de vocaciones sacerdotales y misioneras de América del Sur, y en el que la
Iglesia católica es tan influyente que incluso los mismos sicarios van en
busca de sacerdotes solicitando «me bendiga
estas balitas, padrecito», la cifra de secuestros y asesinatos a los
miembros del clero ha resultado
reveladora de una preocupante tendencia. El calvario de la
Iglesia en Colombia fue casi ininterrumpido durante el año:
comenzó en el mes de marzo con el
asesinato del arzobispo de Cali y terminó en noviembre con el secuestro de
monseñor Jorge Jiménez, Obispo de Zipaquirá y Presidente del Consejo
Episcopal Latinoamericano (CELAM).
En la gran mayoría de los casos, las
acciones violentas han sido atribuidas o reclamadas de la guerrilla
izquierdista, y en particular de las FARC.
Una Iglesia anti FARC
Según Andrés
Grillo, analista político y religioso de la revista
«Semana» ¬la más prestigiosa
e influyente de Colombia¬, el 2002
«fue un añotrágico para la Iglesia en
Colombia y no por casualidad». Grillo cree que la razón por
la que la Iglesia ha sido y posiblemente seguirá siendo un blanco de la
guerrilla es porque
«los
sacerdotes, religiosos y misioneros se han convertido en muchas zonas en
el único contrapeso de las FARC».
«En regiones sin presencia estatal ¬dice
Grillo¬, literalmente abandonadas
a la mano de Dios, los miembros de la
Iglesia son en muchos casos los únicos que, mediante su trabajo pastoral,
mantienen cohesionada a la
comunidad, defienden sus derechos y la protegen de los abusos de los
actores armados».
Un ejemplo entre muchos es el caso del
padre Juan Ramón Núñez, de 32
años, párroco de la iglesia de San Isidro, localizada en el municipio de
Argentina en la provincia de Huila. Las
FARC lo había amenazado por denunciar sus excesos en las homilías
dominicales y por
«atreverse» a
orar por un habitante que había sido secuestrado por los guerrilleros con
el fin de cobrar rescate. Durante algunos días la Policía le
asignó una escolta para protegerlo. Sin embargo, el padre Núñez pidió que
la retiraran, porque, repitiendo casi textualmente las palabras
pronunciadas por monseñor Isaías Duarte,«si
me van a matar, que me maten a mí solo, no a unos pobres hombres
asignadosa vigilarme».
Asesinado en la comunión
El seis de
abril de 2002, un hombre, el último en la fila de personas que recibían la
comunión, le disparó a quemarropa.
El sacerdote cayó al piso junto con las
hostias consagradas, que terminaron ensangrentadas.
Los
obispos han tratado siempre de mantener un lenguaje moderado y casi
equidistante, condenando los actos guerrilleros y sin caer
en una condena global a la guerrilla.
El mismo monseñor Duarte Cansino,
tras el secuestro de 150 feligreses de
una parroquia en Cali por parte del Ejército de Liberación
Nacional (ELN),
excomulgó al Frente involucrado en el
acto, pero se abstuvo de
condenar a todo el movimiento.
«Esta no era una estrategia motivada por el
miedo», explicael padre
Oswaldo Restrepo, de la
Arquidiócesis de Medellín,
«sino un esfuerzo conciente y difícil por
mantener una puerta abierta que permitiera tender un puente para el
diálogo entre el gobierno y los grupos alzados en armas».
Y es que una guerrilla terrorista como las FARC, de ultraizquierda, y
desbocada, no teme atacar a quienes obstaculicen su accionar. Y
allí es donde la Iglesia aparece como la institución más visible, y en
algunas regiones, incluso más que el
Estado. Tras el asesinato de
monseñor Duarte,
doce obispos recibieron escoltas para su
protección; mientras que la Policía Nacional creó los
«FrentesParroquiales de Seguridad»
en 20 departamentos para que los
feligreses contribuyan a la seguridad de los párrocos yvicarios.
Comentário:
Dois pontos a destacar da notícia:
1 - FARCS: produto da Teologia da
Libertação, conforme pregada pelos padres jesuítas Gutierrez e Cardenal,
com o "placet" de Paulo VI em sua visita a Medellin (22 a 24 de agosto de
1968). Plantaram ventos , colhem tempestades.
2 - A traidora e covarde posição de não
condenar nada e a ninguém (exceto a Igreja pré conciliar... claro!), fruto
do Vaticano II, especialmente o comunismo, que, inicialmente, levou o
episcopado da Colômbia a não condenar o movimento revolucionário
guerrilheiro, alegando pretextos descabidos.
No Brasil, esse movimento criminoso tem o
apoio de D. Arns, do ex-frade Leonardo Boff, do frei Betto, etc,
hoje bem ligados ao governo do PT.
Marcelo